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Todo lo que ha sido ‘PUTA’, el álbum imperecedero de Zahara

Estuvimos ahí.

La actual industria musical, la inabarcable abundancia de sencillos, colaboraciones y canciones de todo tipo, traen consigo consecuencias terribles para la perdurabilidad de la música, que no ha dejado de sentirse de alguna manera eterna pero ha cobrado un carácter efímero insospechado décadas atrás. Si las canciones duran un suspiro, no hablemos ya de los álbumes, cada vez menos escuchados, cada vez menos importantes. No se pincha un álbum en las emisoras, no se colocan sus canciones, seguidas, con contexto y significado, en las listas de éxitos, así que a veces se hace como que no existen. PUTA, de Zahara, fue literalmente lo contrario. Un álbum que existe, un álbum que es su totalidad, un conjunto de canciones que han dado lugar a una era palpable y concreta, una era que necesita de todas las composiciones para tener un significado completo. PUTA es un álbum que permanecerá en la memoria colectiva y en la memoria de la música. Se ha dicho mucho eso de que ha ido más allá de la música, pero lo que ha hecho ha sido llegar a través de esta a espacios que simplemente no siempre se pueden alcanzar. Zahara los alcanzó.

Un álbum que permanecerá

Escribimos este texto con la excusa de que hace diez días, el pasado 16 de noviembre, Zahara despedía la que ha sido la era más importante y notoria de su carrera. Con la PUTA RAVE, celebrada en la plaza de toros de Las Ventas de Madrid, Zahara se despedía acompañada de las miles de personas que han sostenido versos de esas canciones en manifestaciones personales o colectivas. Este espectáculo absolutamente diferente que surgió a partir de PUTA ha permitido que la catarsis, que el exorcismo, sea casi total, a ritmo de techno y de otras muchas mujeres que han cantado, en los últimos años, discursos complementarios al suyo.

Decimos que el exorcismo ha sido casi total porque hay heridas que una fiesta (“aunque quiera llorar, tú solo llévame a bailar”, Berlín U5) no puede llevarse y Zahara se ha encargado, en numerosas ocasiones, de explicar que la música es sanadora, pero no obra milagros. Para ella ha sido un refugio desde los 12 años, eso sí, eso contaba al recoger el Premio El Ojo Crítico de Música Moderna 2022. Desde que, en ese momento entre la infancia y la adolescencia, abusaron sexualmente de ella, Zahara se acogió a la música para “sobrevivir”. Su primera canción también la compuso con esa edad, 12 años. Si durante unos segundos dejáis de leer y pensáis en vosotros mismos con ese número en vuestra cuenta vital tal vez se pueda entender un poco el peso de ese hecho. La arriba firmante, con 12 años, estaba cantando Rebelde Way en el patio del recién estrenado instituto pensando que quería seguir jugando a Digimon con sus amigas, aunque, en opinión de las más avanzadas, eso ya fuera cosa de niñas.

Zahara estaba viviendo una pesadilla que ha desarrollado hasta desembocar en PUTA que, como bien explica en SANSA, no está compuesto “gracias a” sino “a pesar de”. Los infiernos no forjan personas, un punto que siempre ha querido dejar claro. Tenemos este álbum, publicado en 2021 bajo su propio sello, Gozz Records, que es el mejor álbum de Zahara, y por ello permanecerá, pero lo tenemos a qué precio. Lo tenemos, lo apuntaba ella, para que al menos millones de niñas de 12 años de todo el mundo puedan tenerlo. Escribimos este texto porque queremos decir adiós como se merece, pero sobre todo lo escribimos porque no vamos a decir adiós. Escribimos este texto porque queremos que este álbum permanezca aunque su era haya concluido.

Las ideas eternas de PUTA

“Me han enseñado muy bien a intentar ser la mejor y muy poco a saber qué quiero o si quiero ser la mejor”, empieza PUTA, con flotante. Sobre la exigencia, la presión, el no encontrarse a una misma. MERICHANE (en mayúscula como todas las canciones que llevan el nombre de una mujer) y canción de muerte y salvación, son el segundo y el tercer tema, y van unidos. MERICHANE dio la vuelta al mundo, porque todas hemos estado ahí, “queriendo vomitar las penas, la vida, el odio”, y hemos estado también sin estar, en esa disociación realizada para sobrevivir de la que tan bien canta Zahara. También le canta, en canción de muerte y salvación, a la idea prohibida del suicidio, “ojalá haberse dormido en aquella bañera”, en una de las canciones más duras de PUTA. Su voz se va distorsionando a medida que habla de la sexualidad asaltada y la muerte como salvación. “Yo estaba ahí, porque era yo”, concluye.

En TAYLOR continúa con la idea inicial, “nadie me pregunta a mí», y reflexiona sobre el odio y el amor, sobre la autoestima, los focos y la necesidad hambrienta de encontrar en los demás la aprobación que no podemos darnos a nosotras mismas tras los múltiples asaltos que Zahara denuncia en este álbum. Especialmente en la mencionada MERICHANE porque los denuncia uno tras otro: denuncia todas esas situaciones que como mujer ha vivido y como mujeres hemos podido vivir las demás. No hay nada de positivo que extraer de esto. SANSA es una canción que habla de otro tipo de muerte, la que no sale en las noticias, la del maltrato psicológico que recoge en versos como “son tus silencios un puño cargando contra mi garganta”, y reflexiona también sobre esa idea que ojalá se quedara en la ficción de Sansa Stark de que el infierno forja a las personas. SANSA va en contra de esa narrativa de que se evoluciona gracias a los golpes: “no soy mejor porque tú me humillaras” o, al final, “lo que me ha hecho fuerte es alejarme de ti”. Es una de las canciones de Zahara más importantes, más directas al centro de esa diana que buscaba con PUTA.

RAMONA es un rapeo inesperado, poesía con música, que nos hace reflexionar sobre la exposición pública, las habladurías, los juicios externos y esa especie de derecho a hablar de la vida de las mujeres como si fuera la última entrega del boletín oficial del estado. Ramona son muchas personas. negronis y martinis es Zahara y también otras muchas mujeres, reconciliándose consigo mismas, buscando dentro y no fuera, confesándose y sufriendo pero desde el abrazo propio. joker es una canción enrabietada dedicada a quien se dedica a poner o lanzar piedras en el camino de los demás, tal vez ellos también necesiten este abrazo oscuro y electrónico que Zahara no llega a ofrecerles del todo, pero que sí reconoce desde la pena. «Mira, Cayetano, que de mí han abusado y no por eso tengo una excusa para castrarlos. Llevo seis putas canciones explicándolo, que me sigo gastando lo que gano en intentar volver a ser un ser humano», canta, en uno de sus versos más inspirados. No seas una persona de mierda, como resumen. No tienes excusa para ello.

PUTA termina con una copla llamada DOLORES, que Zahara dedica a las mujeres de su vida, demostrando que las ha escuchado y que si no canta coplas es porque no quiere hacerlo, al menos no de momento, porque con ella nunca se sabe. Y con esta canción concluye este viaje experimental y único de ideas eternas expresadas en estilos diversos. Pero de verdad que este viaje no concluye: de verdad que este álbum de Zahara se queda con nosotras.

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