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Qué pasó con ‘Divergente’ y el final de la saga que nunca llegó

Podría haber sido una gran cosa y se quedó en una cosa bastante reguleras y además inacabada.
Qué pasó con la saga Divergente

Crepúsculo (2008), Percy Jackson (El ladrón del rayo fue la primera, 2010) o Los juegos del hambre (2012) son solo algunos ejemplos de las múltiples adaptaciones que tuvimos hace una década de sagas juveniles que, sobre el papel, habían tenido un grandísimo éxito. Por no mencionar Harry Potter, que concluía en 2011. Las anteriormente mencionadas se llevaron al cine con mayor o menor acierto. Si bien Crepúsculo recibió críticas descomunales (no siempre relacionadas con la calidad o no de la obra audiovisual), acertó a la hora de dar una vida diferente a la historia de Stephenie Meyer. Percy Jackson tenía buenas intenciones que no supo trasladar a la pantalla, y por eso tendrá una nueva vida muy pronto de la mano de Disney+. Los Juegos del Hambre tal vez fue la que mejor supo superar el envite, con buenas películas como En llamas (2013). Con mucho, fue la saga Divergente, que adaptaba la trilogía escrita por Veronica Roth, la que peor parada salió de esta corriente.

Hace apenas unos días la escritora aseguraba que para ella estaba concluida: su obra eran sus libros, no lo que el espectador vio en la gran pantalla, y los libros habían tenido un final. Lo cierto es que las películas no solo no hicieron justicia a la historia literaria sino que naufragaron hasta el punto de no llegar al último puerto. Divergente nunca llegó a tener la que sería la cuarta y última película, un final que, echando la vista atrás, podía verse venir. Tal vez pagó el precio del agotamiento por este tipo de historias, como le pudo suceder también a El corredor del laberinto (2014), pero, sobre todo y lamentablemente, no supo hacerlo bien.

La saga Divergente: una buena historia, una mala adaptación

El planteamiento de Divergente, el libro y a partir de ahí la película, no puede ser más interesante. En un Chicago distópico, la ciudad se encuentra amurallada y la sociedad dividida en cinco facciones que basan su existencia en una virtud concreta: Abnegación (los altruistas), Cordialidad (los pacíficos), Erudición (los inteligentes), Osadía (los valientes) y Verdad (los sinceros). Al cumplir 16 años, un examen de actitud y conciencia te indica a qué facción deberías (aunque la última decisión es libre) pertenecer, independientemente de aquella en la que te has criado. Puedes haber vivido 16 años en Abnegación y sin embargo sentirte, o ser, en tu misma esencia, parte de Osadía, exactamente lo que le sucede a la protagonista, Beatrice Prior, Shailene Woodley en pantalla. Una vez que eliges la facción a la que vas a pertenecer el resto de tu vida, en una ceremonia pública anual, no puedes echarte atrás. No puedes recuperar tu antigua vida. Y si no encajas en esa facción escogida, entonces pasas a pertenecer a los Abandonados, un grupo masivo de personas a las que las facciones han dado de lado.

Esto plantea conflictos interesantes que se muestran bien en la primera película, Divergente, que es de hecho una adaptación bastante fiel del libro de Veronica Roth. En primer lugar, se entiende que te obligan a pertenecer a un espectro muy concreto y limitado. Haces de tu principal carácter de personalidad prácticamente el único, y llegas a abandonar a tu familia por ello. Esto interesa y engancha, como interesa y engancha el conflicto principal que pronto se entiende en Divergente: si no perteneces, no encajas, y si no encajas eres una amenaza. Es lo que sucede con los llamados divergentes: personas que no tienen una única característica predominante en su personalidad. Beatrice, que después de elegir Osadía pasa a llamarse Tris, no solo es valiente: también es inteligente, es altruista y es sincera. Lo es todo y es una amenaza porque puede echar por tierra todo el sistema de facciones, que hasta entonces ha mantenido el orden en la ciudad. Aunque sea bajo el precio a pagar de, literalmente, abandonar personas.

La historia de Divergente fue, por entonces, diferencial e interesante. La primera película la defendió bien. Aun dejándose por el camino detalles literarios que los fans de la trilogía se encargaron de señalar, supo hacer lo más importante cuando se trata de una adaptación: trasladar la esencia de la misma de un vehículo comunicativo (literatura) a otro (cine). El problema comenzó con Insurgente y terminó de hacerse imposible de sostener en Leal.

Virtudes y defectos de las películas

Divergente

Si Divergente era una película entretenida, de imágenes claras y ritmo genial, con una buena banda sonora y un buen puñado de símbolos a los que acogerse para sentirse parte de lo que uno estaba viendo, estas primeras buenas sensaciones cambiaron por completo en Insurgente. Seguramente se debió a un cambio de equipo: Neil Burger se encargó de dirigir la primera película, con Evan Daugherty y Vanessa Taylor como guionistas. Insurgente, en cambio, quedó en manos de la dirección de Robert Schwentke y el guion de Akiva Goldsman y Brian Duffield.

El cambio de tono, ritmo e intenciones fue un tremendo error. El guion pasó a ser facilón, ridículo en ocasiones (el juicio en Verdad a Tris es de traca, un circo). Las escenas de acción se sucedían siguiendo siempre el mismo esquema: persiguen a los protagonistas, escapan, persiguen a los protagonistas, escapan, nunca con un detalle que hiciera botar un poco al espectador. O tal vez botábamos, pero del disgusto: ese escáner que en unos segundos permitía averiguar si una persona era divergente o no, echando por tierra todo el significado de la primera parte, definitivamente podía hacernos reaccionar. Insurgente no estuvo bien dirigida, perdió la naturalidad y la solidez de la primera, y además empezó a desviarse de la historia original.

El guion de Leal, la tercera entrega, no es tan circense como el de Insurgente. Estuvo a cargo de Noah Oppenheim, Adam Cooper y Bill Collage; Robert Schwentke volvió a ponerse tras las cámaras y en esta ocasión no hay tanto que reprochar. El problema de Leal es que olvida por completo lo que comentábamos al principio: la esencia de la historia. No solo estamos viendo una historia diferente a la de los libros, estamos viendo una tercera parte de una trilogía que no tiene nada que ver con la primera parte. Leal y Divergente parecen dos cosas diferentes en el peor de los sentidos.

Ya en Leal se notaba el agotamiento hasta en unos protagonistas, Shailene Woodley y Theo James, que son, con mucho, la mayor virtud de esta saga.

Hablemos con números

Divergente no tuvo un mal estreno en cines: recaudó 288 millones a nivel mundial. Recordemos que fue de las últimas sagas en llegar en un momento en que había muchas sagas juveniles adaptándose y por tanto podría haber acusado el agotamiento. En principio no lo hizo. De esos 288 millones de Divergente, que gustó de forma general, pasó a los 297 millones que recaudó Insurgente. Es decir: más.

Más para hundirse justo después: Leal apenas llegó a los 179 millones. ¿Qué pasó? Desde luego, que los defectos de Insurgente fueron más visibles que sus virtudes. No tardó en rumorearse que no habría cuarta película, a pesar de que esto significase dejar la saga incompleta. Y eso fue lo que pasó: no hay final para Divergente en el cine.

La saga que no pudo ser: los tres grandes errores de Divergente

Saga Divergente

A Divergente hay que atribuirle dos males de esencia y uno de ejecución. El primero, apenas mencionado, está en el mismo planteamiento de la saga: dividir la adaptación de Leal en dos películas, como era habitual hacer, fue un error. Leal no daba para tanto; apenas tiene unas páginas más que sus antecesores y el mismo estilo de narración. No había donde rascar, sencillamente, pero era lo que se llevaba por entonces y fue lo que se decidió hacer.

Esto desencadenó en el segundo error de esencia. Como no había suficiente Leal para adaptar, decidieron tomar la senda de eso que llaman “adaptación libre”, que vino a significar lo que sí hemos comentado: una historia diferente que decepcionó no solo a los fans de los libros sino también a los espectadores que sentían estar viendo, en fin, algo totalmente diferente.

El error de ejecución tiene que ver con el cambio en el equipo y por tanto el cambio en los modos de hacer las cosas. Insurgente perdió las mejores virtudes de Divergente: estaba más llena de acción y más vacía de contenido real, más alejada de los personajes y más preocupada por lucir bien que por contar una historia. Leal puede ser mejor en ciertos aspectos, pero estaba perdida con las decisiones anteriores.

Esto es lo que pasó con Divergente, por tanto. Malas decisiones para una buena historia que terminó siendo una mala adaptación, con la única excepción de su primera película, que no pudo salvar esta saga cinematográfica que pudo ser, tenía mucho de cara para ello, y no fue.

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