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‘Reina de sombras’, de Sarah J. Maas (Trono de cristal 4): el estallido de la magia

Análisis del cuarto libro de la saga ‘Trono de cristal’.
Crítica de Reina de sombras de Sarah J Maas

El cuarto libro de la saga Trono de cristal, escrita con mucho éxito por una de las reinas de la literatura de fantasía juvenil, Sarah J. Maas, libera por fin una cuestión que lleva barruntándose desde Trono de cristal, el primer volumen. Reina de sombras ya no tiene dos protagonistas, tiene solo una. Y en torno a esa única protagonista estalla la magia. Vamos con la crítica de Reina de sombras y también vamos a repasar algunos de los hechos más significativos del libro.

spoilers de literatura

Análisis de Reina de sombras: virtudes y defectos de Sarah J. Maas

Portada de Reina de sombras

Virtudes de Sarah J. Maas y, por extensión, de Reina de sombras. Está en continuo movimiento. Siempre está sucediendo algo. Es imposible aburrirse leyendo u olvidarse de entender el significado de las palabras que pasan ante tus ojos, porque entonces te estarás perdiendo algo. Hay que leer con atención, así que desde luego es un libro (una saga, en general, una escritora) que consigue ofrecer un rato de entretenimiento. Otra cosa es que todas las cuestiones (y son muchas) que plantea consigan interesar o emocionar.

Defectos: eso último. En Reina de sombras son tantos los personajes, tantos los conflictos, tantos los escenarios que, si bien no llegas a perderte, precisamente por aquello de la atención, sí puede llegar a resultar abrumador hasta el punto de preguntarte: por qué esto es necesario. Por qué era necesario introducir a Lorcan, por ejemplo. Tendrá una función en el futuro, pero es que tal vez tengamos ya demasiados actores en esta obra. Y con todo esto, Aelin nunca se equivoca. La protagonista que debe enfrentar un millar de personajes, conflictos y escenarios siempre tiene todo tan atado que nunca se equivoca, que siempre consigue vencer. No vendría mal, de vez en cuando, quizá no tanto una derrota pero sí una sorpresa, simplemente para ver cómo se desenvuelve en un escenario que no hubiera previsto. Las resoluciones a ciertos conflictos resultan, por ello y en ocasiones, demasiado irreales. Demasiado convenientes.

Por otro lado, Reina de sombras no difiere en tono con respecto a Trono de cristal o todos los anteriores, pero en ciertas ocasiones sí parece un libro que sigue senderos diferentes, como si el primero solo fuera una excusa, una parada anecdótica para llegar hasta aquí, o como si hubiera cambiado de camino en pleno desarrollo de la historia. Las continuas alusiones al pasado de Aelin, que son totalmente nuevas, apuntalan un poco esta sensación, incluso aunque se hagan desde la excusa de que Aelin ya haya abrazado quién es, algo que antes no había hecho. Simplemente parece, a veces, otro libro, pero esto puede gustar más o menos.

La explosión de la magia: brujas, demonios y conceptos varios

La magia se libera por fin, gracias a un ataque de la corte de Aelin encabezado por ella misma. Esto nos deja varias revelaciones: que el malvado rey de Adarlan no era más que una marioneta en el juego del duque Perrington, el verdadero villano, que en realidad es Erawan, ahora sí, el verdadero villano. Pueden volver a ser demasiadas cosas a las que hacer frente, pero vamos a quedarnos aquí con el hecho importante, que la magia se libera, porque esta sí es una virtud de Reina de sombras.

La comunidad de las brujas tiene por fin una trama relevante e interesante, que ayuda al lector a conocer su historia (la maldición de las Cochran sobre su tierra, su relación con los Valg) y comprender su naturaleza. Hay una evolución en estas, además, que tiene un punto interesante en esa especie de compañerismo que se establece, hacia el final, entre Manon y Aelin. Lo más importante, en cualquier caso, es que en parte gracias a ellas y su estancia en Morath Trono de cristal se vuelve lo mágico que desde el principio se sospechaba que podía ser. Y nos descubre conceptos chulísimos, como ese aroma a Asesina de Brujas que Aelin deja a su paso. El fuego de las sombras, el papel de Kaltain o los metaformos son aspectos que conocemos en Reina de sombras y que enriquecen esta historia.

El corazón de Aelin Galathynius en Reina de sombras

Reina de sombras empieza con una declaración de intenciones: Aelin Ashryver Galathynius, heredera de fuego. Así se presenta, conectando además con el libro anterior, Heredera de fuego. Esta presentación es importante porque aclara al lector que Aelin ya solo es Aelin. Ya no hay Celaena a la que aferrarse, aunque durante el transcurso de esta historia debe ponerse de nuevo la máscara de la asesina. Sarah J. Maas, en cualquier caso, domina a la perfección la diferencia entre reina y asesina, y el lector es capaz de ver cuándo se marcha una para dar espacio a la otra. Aelin piensa diferente, se expresa diferente y se percibe que hasta camina diferente. Esto está muy bien planteado.

Hay muchos aspectos interesantes con respecto a Aelin. Algunos nos los plantea Chaol, porque este personaje que tiene su reconciliación final con la reina tiene también sus dudas con respecto a ella. Aelin tiene una parte oscura que le lleva a incendiar sin contemplaciones todo lo que se coloca frente a ella. Este carácter oscuro, justificado o no, llevado o no por su naturaleza, nunca se ignora en Reina de sombras y se presenta como un aspecto más del personaje. Ni siquiera como un defecto: es lo que es. Aelin tiene oscuridad y violencia en su interior.

La relación que podría haber surgido entre Aelin y Chaol queda enterrada en Reina de sombras. Sus diferencias los separan y, cuando pueden superarlas para volver a encontrar un punto de unión, ya no hay nada romántico flotando entre ellos. Es bonito que sean ellos dos quienes busquen dar, juntos, muerte al rey, a ese palacio de cristal del que ambos han sido esclavos y del que han dejado de serlo, gracias en parte al otro. Su relación evoluciona hasta la amistad, porque sus diferencias han barrido la atracción que podían sentir por el otro, cuando además solo eran dos esclavos. Se entiende el punto desde el que parte la autora, aunque en ocasiones, de nuevo, parece como si hubiera cambiado de opinión con respecto a lo que empezó a escribir en el primer libro. Pero se agradece tener esta amistad y con eso nos quedamos.

El corazón de Aelin ya le pertenece a Rowan. Durante la mayor parte de Reina de sombras ambos se han opuesto a esta relación, en un conflicto que, al menos ante el lector, se presenta más como una tontería que como un conflicto real. Más como una herramienta narrativa que como una trama real. Al final, claro, se supera, y el corazón de Aelin dice eso de “tú me haces querer vivir, no sobrevivir, no existir, vivir” que tanto dice de la evolución de la protagonista.

Protagonista que, al final de Reina de sombras, ya está en casa. La batalla, a partir de aquí, será otra cosa.

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Javier Retuerta Merino
17/01/2023
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