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Sadcom, cuando la comedia y la tristeza se hacen una

Series que logran hacer reír y que entre bajona a partes iguales.
Collage con posters de Fleabag y Bojack Horseman

Como todo elemento biológico o cultural, la tele evoluciona. Lo hace con la sociedad a la que sirve y utiliza, repitiendo ciclos y renovándose según toque. Sin ir más lejos, las comedias de situación fueron cambiando su cara. De familias ideales a problemáticas, de temáticas blancas a más oscuras y, finalmente, a la tristeza. Así surgió la sadcom, una forma que explotó a mediados de la década de 2010 y que hoy sigue dando ejemplos que combinan a la perfección el humor con los dramones.

¿Qué es una sadcom?

En primer lugar, como ya se anticipaba en la introducción, son sitcom. Como a toda persona con alma le gustan los juegos de palabras fáciles, acabó surgiendo el término. Este describe a aquellas comedias de situación en las que se entremezclaban tramas dramáticas y tristes con situaciones cómicas.

No se trata solo de ser cínico, como Matrimonio con hijos, Seinfeld, Malcolm, Archer o It’s always sunny in Philadelphia. En estos casos, los protagonistas participaban de un mundo rastrero y negativo. Sin embargo, las consecuencias a sus actos brillaban, salvo contadas excepciones, por su ausencia. Vivían en una realidad suspendida y supeditada a que la ficción funcionase.

Las sadcom, sin embargo, ponen a sus personajes en lugares más complicados. Sus neuras, problemas y vicios no se acaban de un episodio a otro. Esto supone que deben asumir las consecuencias de todos ellos, con el desgaste psicológico que supone. Su vida es una basura, son conscientes de ello y quieren mejorar. Siempre está presente la posibilidad de que, tras lo malo llegue lo bueno. No suele pasar, de ahí esa tristeza a la que alude el término, que va un paso más allá de la clásica unión de drama y comedia (dramedia).

Depresión, ansiedad, fracaso, abusos, violencia o adicción son cuestiones habituales en los personajes de las sadcom. Problemas exagerados y macerados con humor que conectan directamente con la realidad de una audiencia que tiene recientes crisis como la de 2008, atentados como el 11M o el 11S y guerras como la de Irak.

Ejemplos de sadcom para todos los gustos

Louie

En 2010 llegó esta serie de Louis C.K. que suele considerarse el punto de arranque de este subgénero. El humorista usó elementos que recuerdan a Curb your enthusiasm o Seinfeld. Del primero, el explotar elementos del día a día y autobiográficos, del segundo, segmentos de monólogos. Sin embargo, la diferencia es la que separa a la sitcom cínica de la sadcom: la veracidad psicológica.

Louie hace el canelo de forma continua. Es un desastre como trabajador, pareja o familiar. Intenta no liarla, pero siempre acaba haciéndolo. Aunque tiene gente alrededor que le importa, y a la que le importa, no logra superar la barrera del bienestar. Conecta especialmente con el hombre blanco de a pie, a quien representa a la perfección.

Fleabag

En 2016 vio la luz esta serie creada, escrita y protagonizada por Phoebe Waller-Bridge. Encarna a una muchacha que anda bastante perdida por la vida, aunque no deje de vivirla. Rompiendo continuamente la cuarta pared al hablar directamente a cámara, el humor es su principal arma defensiva frente a la realidad.

Al igual que otros creadores contemporáneos como Joachim Trier, Waller-Bridge presenta a una protagonista que no sabe bien qué hacer con la libertad que, supuestamente, ofrece la sociedad actual. Llega a decir, literalmente, que necesita «que alguien me diga lo que tengo que hacer». De esta forma se deja llevar por estímulos a corto plazo, fáciles de obtener, que ni arreglan el duelo que le ha generado una pérdida irreparable ni le permiten sentirse realizada.

Todas las relaciones de la protagonista, desde las familiares hasta las amorosas, pasando por la que mantiene con ella misma, son complicadas. En el terreno sentimental, resalta especialmente una trama en la segunda temporada que pasa de una suerte de broma a drama total con el pasar de los episodios. Por todo lo anterior, no es raro que haya sido clasificada como la gran sadcom británica.

Bojack horseman

Junto a la anterior, la sadcom más representativa del periodo en que estas dominaron el mundo de la comedia televisiva. Candidata eterna a mejor producción original de Netflix, se trata de una serie de animación creada por Raphael Bob-Waksberg que vio la luz en 2014. Cuenta con un reparto de voces estelar que incluye a Will Arnett, Amy Sedaris, Alison Brie, Aaron Paul o Paul F. Tompkins.

En ella se narra la vida de Bojack, estrella de una sitcom familiar de los 90. Ya en el nuevo siglo, es un juguete roto que plantea su gran vuelta gracias a una autobiografía que le escribirá Diane, su negro editorial. Durante las temporadas se verá como sufre las consecuencias de la miseria moral y de los vicios que quiere dejar atrás, siempre de la manera más fácil.

La depresión, la adicción, los traumas infantiles, el Me Too o las diferentes sexualidades están representadas con tanto respeto como mordacidad. Los ciclos de autodestrucción de Bojack, narrados con soltura y mucho humor negro, permiten que estas temáticas aparezcan con naturalidad. Así, el resultado es totalmente devastador aunque sea una serie de dibujos animados que mezcla humanos y animales antropomórficos.

Barry

Bill Harder es un veterano de la comedia que participó en el retorno a la fama de Saturday Night Live. Junto a Alec Berg, guionista de Seinfeld o productor ejecutivo de Silicon Valley, logró estrenar en 2018 Barry. La serie original de HBO es, a fecha de este escrito, la última gran sadcom.

Con cuatro temporadas, sigue las peripecias de Barry Berkman, un exmarine traumatizado y con ansiedad metido a asesino a sueldo. Un maestro en lo suyo, acaba yendo a Los Ángeles a cumplir un encargo y conoce su verdadera vocación: ser actor. De la mano de su mentor Gene Cousineau y su compañera e interés romántico Sally Reed, encarnados por Henry Winkler y Sarah Goldberg respectivamente, intentará dejar atrás su antigua vida.

Sin embargo, no puede. El Fuches de Stephen Root, un amigo de la familia de Barry, se encargará de que no pueda salir del ciclo de violencia y muerte en el que vive. De esta forma, el protagonista vive una doble vida repleta de mentiras, alianzas y traiciones que buscan conservar su nueva identidad. En las dos primeras temporadas la comedia es más clara que en las últimas, donde las consecuencias de los actos de Berkman pasan factura. La serie destaca especialmente en su representación de la ansiedad y la desconfianza.

Rick y Morty

Dan Harmon ya jugó con elementos de sadcom en Community, su obra maestra. El surrealismo solía imperar en el tono, pero los personajes eran complejos y sus problemas lograban crear también tramas donde el humor y el drama se combinaban. Con Rick y Morty logró refinar la fórmula. Así, aunque no todos los episodios puedan ser considerados como el tipo de sitcom que protagoniza este artículo, las metatramas y la construcción de sus protagonistas sí que caen en el saco.

El caso de Rick es el más claro. Lo que comienza siendo algo cómico, como sus coletillas, acaba reflejando lo mal que se encuentra. También aparentes chistes, como ofertas de genocidio y demás barbaridades, son reales para él. De este modo, entre caricaturas la serie logra abordar temáticas serias gracias a la soledad y tristeza del tipo más listo del multiverso.

The end of the f***ing world

El británico Jonathan Entwistle creó para Netflix esta serie basándose en un cómic de Charles Forsman. Estrenada en 2017, sigue las peripecias de una extraña pareja de adolescentes. Por un lado está Alyssa, encarnada por Jessica Barden, una adolescente rebelde. Por otro tenemos a James, interpretado por Alex Lawther, un jovencito que cree ser un psicópata y busca una víctima humana tras matar a varios animales.

De esta forma arranca un viaje de huida en clave millennial en el que James buscará el momento perfecto para matar a Alyssa mientras ambos comienzan a enamorarse. La premisa es perfecta para una sadcom y de esta forma se desarrolla tanto la primera temporada como la segunda.

Futurama

El creador de Bojack Horseman señaló a las dos grandes obras de Matt Groening como inspiración para la suya. Destacaba de Los Simpson para crear momentos «tiernos y sinceros» desde el humor. De Futurama, sin embargo, realzó cómo juega con «la continuidad» y la «tristeza». Ahí es donde enlaza con el cierre a este repaso de sadcom, de la que esta ficción sería un miembro honorario por proponer en algunos de sus capítulos elementos basales de este tipo de sitcom.

La ciencia ficción y alejarse de la familia Simpson permitió a Groening y equipo ponerse intensos. Gracias a ello las tonterías de la tripulación de Planet Express se combinaban con momentos que encogen el corazón. Capítulos como La suerte del frylandés, Juego de tonos o Mientras tanto son buenos ejemplos. Sin embargo, ninguno alcanza las cotas de tristeza del final de Ladrido jurásico. Sus últimos minutos machacan a cualquiera que no sufra un trastorno psicopático.

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Nahia Pérez de San Román
07/02/2024
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