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‘Reina roja’ y ‘Death note’: sobre detectives superdotados

El nuevo éxito de Prime Video y el manga tienen importantes similitudes en dos de sus personajes principales.
L y Antonia Scott de Death note y Reina roja

La plataforma Prime Video fue la encargada de estrenar la esperada adaptación de Reina Roja, la novela de Juan Gómez Jurado. En ella, el idealista policía Jon Gutiérrez (Hovik Keuchkerian) es chantajeado por sus superiores. Su misión no es otra que convencer a la excéntrica Antonia Scott (Vicky Luengo) de que participe en la investigación de un caso de asesinato.

La tal Antonia Scott resulta ser un genio capaz de procesar toneladas de información en lo que dura un pestañeo. Sin embargo, quizás precisamente por esa tremenda capacidad mental, la mujer parece estar constantemente al borde de la locura. En su actitud se ven continuas extravagancias que le impiden entablar interacciones sociales de forma natural. Además, su físico, su forma de vestir y, en general, de desenvolverse con su entorno, dejan entrever una completa despreocupación por mantener una apariencia de normalidad cara al exterior. No es raro que al fan de Death note le haya saltado un resorte llamado L.

La extravagancia del genio

La serie Reina roja nos disipa cuestiones que no estaban claras en el libro del autor madrileño. A través de frases cortas y constantes diálogos, en la novela de Juan Gómez Jurado prima la acción y el dinamismo por encima de las descripciones del entorno o de los personajes. Estas quedan en un segundo plano y, cuando aparecen, son escuetas. De ese modo, si bien sí que se describe físicamente al personaje de Antonia Scott cuando esta se encuentra con Jon Gutiérrez por primera vez en su apartamento, la caracterización es breve. No se ahonda en cuestiones que ayuden a imaginársela detalladamente.

Sin embargo, como es lógico, en la serie de Prime Video sí que podemos conocer más profundamente el físico de la protagonista de la historia. Desde el primer momento se nos presenta a una mujer desgarbada. Con el pelo recogido y ligeramente despeinado, sin ningún tipo de maquillaje, con marcadas ojeras, camiseta blanca ancha y pantalones holgados, Antonia Scott no le da importancia a su aspecto ni cómo le perciba su entorno. Muestra, eso sí, una serie de tics y manías, como esa tendencia a retorcer el asa de su bandolera. Su indiferencia es tal que, cuando llega el momento de pisar la calle, lo hace descalza, avanzando, encorvada y torpe, hacia el coche del policía.

De esta manera, en la serie Reina roja se nos construye a un personaje atrayente, en tanto que su desentendimiento de los protocolos sociales básicos la muestra como una rebelde, aunque sea involuntaria. Además, el tormento que se intuye detrás de esa despreocupación también resulta un aliciente para encariñarse con el personaje. Está demasiado ocupada domando sus torbellinos mentales como para preocuparse por las banalidades de la estética. No obstante, aunque estas cualidades puedan parecer originales, no es el primer personaje en el que encontramos esta clase de fórmulas.

Antonia Scott y L, dos almas gemelas

En este aspecto, es curioso el parentesco tan estrecho que tiene Antonia Scott con otros grandes detectives de la ficción. Tiene, por ejemplo, semejanzas con Jessica Jones. Aquí, sin embargo, vamos a centrarnos en otro investigador que triunfó hace relativamente pocos años. Como ella, L, admirado personaje del manga Death note, era conocido por su tendencia a conductas sociales poco ortodoxas.

En Death note, que cuenta también con una versión anime y varios live-action, el protagonista es Light Yagami. Se trata de un joven japonés superdotado, se encuentra un buen día con un cuaderno que, en su primera página, promete matar a la persona cuyo nombre sea escrito en él. Tras unas primeras intentonas para corroborar la eficacia del artilugio, Light decide convertirse en una especie de dios-juez sobre la tierra. Una suerte de encargado de castigar con la muerte a todo aquel que a su entender lo merezca.

Después de que se haga evidente para las autoridades internacionales que las muertes que se están dando no son una coincidencia, deciden investigar quién está detrás de estos fallecimientos aparentemente naturales. Es en ese momento cuando entra en escena L, un reconocido detective outsider a quien ponen al mando de las pesquisas.

Como Antonia Scott, L no es policía, sino una especie de genio con una habilidad incomparable para analizar un crimen y ver más allá de la mirada del ojo corriente, al que recurren las autoridades en momentos de dificultad. Como ella también, el personaje del manga es absolutamente despreocupado, llegando a lo enfermizo. Viste pantalones y camiseta blanca holgados. Completamente despeinado, muestra unas ojeras que acusan innumerables noches en vela. Cuando habla, lo hace de manera monótona, sin cambiar el ritmo, sin excitaciones, casi sin alma. Al tiempo, se lame de manera compulsiva el dedo pulgar. Pese a todo lo dicho, y como Antonia Scott, ante todo L es un auténtico superdotado.

El autismo en los genios de las nuevas ficciones

Esta extravagancia común entre ambos personajes parecer ser resultado de su propia genialidad. Una tendencia para nada aislada. De hecho, lleva décadas siendo frecuente en ficciones de muy distinta tipología.

Sheldon Cooper en Big bang theory o Shaun Murphy en The good doctor son casos claros de este tipo de personajes que, pese a ser genios en sus respectivos campos, muestran claras carencias sobre todo a nivel socio-afectivo. Como sucede con L y probablemente en el futuro con Antonia Scott, las comunidades fan han asociado a estos personajes con alteraciones propias del espectro autista, normalmente con el síndrome de Asperger. Este está caracterizado, entre otras muchas cosas, por el desarrollo de una fijación por el conocimiento en un campo en concreto y serias dificultades para entablar relaciones sociales sanas. No obstante, es mucho más complicado que eso.

En el ámbito investigador hay candidatos a Asperger o confirmados de renombre. El doctor House o Temperance Brennan de Bones brillaron hace años. Walter Bishop, el científico loco más destacado de la ciencia ficción televisiva gracias a Fringe, compone un caso aparte. Sin embargo, quizás el caso más llamativo sea el Sherlock Holmes representado por Benedict Cumberbatch en Sherlock. Este personaje, en una exacerbación del personaje original de Arthur Conan Doyle, muestra muchas de las conductas ya señaladas en el caso de L y Antonia Scott.

Tanto L como Antonia Scott muestran clara influencia del personaje inglés. Como él, son unos genios con unas dotes casi sobrenaturales para la investigación criminal a los que recurren las fuerzas del orden en momentos de necesidad. Así mismo, también tienen unos comportamientos generalmente extravagantes, con una acusada ausencia de empatía.

Aún y todo, la forma que tiene Reina roja de demostrar la genialidad y extravagancia de su personaje es casi idéntica a cómo se representa en Death note. Tanto es así, que presentan un aspecto físico muy parecido, con peculiaridades comunes como son el caso de andar descalzo por la calle, los tics o la atonalidad en la voz. Esta relación es más evidente en la serie que en la novela. Como ya se ha subrayado, la obra de Juan Gómez Jurado no profundiza apenas en el aspecto físico y la conducta gestual de la detective.

Antonia Scott resulta, en consecuencia, un personaje que tiene mucho en común con el experto investigador de Death note. En L ya se empleaban las mismas fórmulas a las que recurre la serie Reina roja para crear un personaje carismático y ganarse el cariño de los fans. Una coincidencia que puede ir de lo curioso a lo sospechoso.

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