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Amor y revolución en ‘Te estoy amando locamente’

Notas brillantes de historia, comunidad y orgullo LGTB+. 
Parte del póster de Te estoy amando locamente

«No sé si queda algo de un romance que ya fue». Así comienza la canción de Rigoberta Bandini creada para Te estoy amando locamente, una película de Alejandro Marín que captura la lucha LGTB+ a través del amor. El amor de madre, el de las compañeras de trinchera, amor de un pueblo y un amor que se hace bandera contra la opresión latente de una España que acaba de salir del franquismo. 

El peso de la historia y una izquierda fragmentada por el dolor y el miedo son algunas de las cadenas que arrastran las protagonistas en su camino hacia la libertad. Un recorrido arduo y difícil, repleto de rocas y espinas. Pero también de dignidad, reivindicación y, sobre todo, mucho orgullo.

Las ascuas de las que surge la llama 

Te estoy amando locamente está protagonizada por Ana Wagener y Omar Banana, con un reparto sobresaliente que incluye a Alba Flores, Jesús Carroza y La Dani, artista de género no binario que salió de los Premios Feroz con una victoria en la categoría «Mejor Actor de Reparto» gracias a su papel en esta película. 

El elenco también se caracteriza por la presencia de activistas trans y LGTB+, algo que podría parecer evidente, pero estadísticamente se acerca más a una anomalía. Frente al enfoque cishetero que se les ha dado en las grandes producciones a los retratos LGTB+ (véase Brokeback Mountain o La chica danesa), las historias contadas por los sujetos de una lucha adquieren una fuerza muy particular. Y ese es uno de los mayores logros del largometraje de Alejandro Marín.

En ese canto que habla de identidad y raíces, la película también se arraiga en la tierra y en los ecos del pasado. El escenario es una Sevilla del año 1977 que se lame las heridas de una dictadura cuyas astillas siguen en la carne, y aún queda un largo camino para que dejen de estarlo. A fin de cuentas, Te estoy amando locamente explora los gérmenes de la lucha LGTB+ en España, las primeras manifestaciones del orgullo y el movimiento andaluz por la liberación sexual.

Te estoy amando locamente, consigna de un querer revolucionario

En la historia de Miguel, el protagonista que es encarcelado por culpa de la Ley de Peligrosidad, se revelan las diferentes aristas del activismo a través del amor. El ejemplo más evidente es el de su madre. Al inicio de la película, Remedios trata de castigar y reprimir la homosexualidad de su hijo como consecuencia de los recuerdos traumáticos que conserva de su pasado como activista. Su recelo e incomprensión resultan en un comportamiento paranoico y agresivo que fuerza a Miguel a huir de casa.

No obstante, con el tiempo, y gracias a la paciencia y empatía que muestran hacia ella personas más concienciadas y deconstruidas, Remedios aprende a ponerse en los zapatos ajenos, se educa en materias LGTB+ y se une a quienes luchan por la puesta en libertad de su hijo. Aunque su contexto sea adverso y su experiencia juegue en su contra, el amor que le profesa a su hijo la impulsa a reivindicar los derechos de un colectivo que está cansado de sangrar en silencio.

Cabe destacar que, en cierto modo, la cinta también saca a relucir discrepancias y conflictos que aún siguen vigentes dentro del propio colectivo. Sin ir más lejos, en el Movimiento Homosexual de Acción Revolucionaria (MHAR), cuyos inicios describe la película, se pueden diferenciar varios perfiles que muestran la complejidad de la lucha.

En un lado están quienes quieren implicarse pero tienen miedo a exponerse y a las consecuencias de ser señalados. Por ejemplo, chicos gays que repudian la pluma y toda reivindicación escandalosa. También hay casos como el de Raquel, que no termina de sentirse cómoda mostrando abiertamente su identidad. En el margen opuesto se encuentran las personas que no tienen posibilidad de ocultarse o simplemente se niegan a hacerlo, o personajes como Dani, con la piel tan curtida que se ha vuelto selecto con sus batallas.

Estas visiones alejadas, en ocasiones antagónicas, llegan a enfrentarse y a desarrollar cierta discordia. Lo interesante es que, en todos los casos, la empatía y el apoyo mutuo consiguen salvar las distancias y crear puntos intermedios para avanzar hacia una meta común. Las circunstancias y los procesos personales hacen que cada miembro del movimiento camine a un ritmo diferente, y en la comprensión y la hermandad está la clave de su sincronía. Al final, Lole y Raquel, aparentemente dos polos opuestos, marchan de la mano en una manifestación en la que refulgen las banderas arcoíris, y se encuentran en un beso que captura a la perfección la esencia de Te estoy amando locamente.

Fotograma de 'Te estoy amando locamente'
Una peli para conocer los orígenes del Orgullo. | IMDB

Los delicados acordes de una canción incompleta

A pesar de todo, la película no deja de narrar los capítulos más tristes de esta historia. Aunque no se recree en el dolor, no se puede olvidar que la experiencia de Miguel, y la de tantas otras personas que tuvieron desenlaces más trágicos que el del protagonista, es un relato de opresión e injusticias. De una ley de «peligrosidad y rehabilitación social» que estuvo en vigor hasta 1989. De una profunda herencia franquista y una violencia psiquiátrica que se sigue debatiendo cuando sale el tema de las terapias de conversión que algunos partidos defienden hoy en día. 

Un relato que sigue abierto en muchos sentidos, y la cinta juega con ese factor. De hecho, los discursos del movimiento tienen carices muy actuales en la película. Sea o no un lenguaje adaptado a los nuevos tiempos, la traducibilidad de sus proclamas deja entrever que el guion de Te estoy amando locamente habla en tiempo presente. Es una crónica del pasado que se dirige al ahora con la mirada puesta en el futuro. Y nos lo dice alto y claro: «las cosas están cambiando, pero no han cambiado todavía».

Colores vivos, música alegre y miradas relucientes marcan el final de un largometraje que destila cariño. Una historia de amor que celebra el valor de las que lo arriesgaron todo por defender su dignidad, así como los derechos de las generaciones venideras. Te estoy amando locamente es una carta de esperanza que halla, en los romances que ya fueron, la inspiración para conseguir que las cosas sigan cambiando.

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