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‘Ted Lasso’ y ‘Winning time’, dos maneras de entender la vida

Jerry Buss y Ted son como... lo más opuesto del mundo
'Ted Lasso' y 'Winning time'

En el deporte, hay dos tipos de personas. Aquellas que la disfrutan pase lo que pase y aquellas que quieren ganar, ganar y ganar. Estas mentalidades, estas dos maneras de entender no solo la competición sino la vida, son las bases respectivas de las series Ted Lasso y Winning time. Una es una comedia blanca, la otra ácida. La primera es tranquila, la otra un torbellino. Sus protagonistas principales no pueden ser más distintos. Pero, eso es innegable, son motivadores natos.

Las ataduras de quien no tiene candidez

Imagínense que Pat Riley, Paul Westhead o Jack McKinney se acercan al despacho de Jerry Buss con una cajita de galletas. Que le dejan en la mesita un soldadito de juguete en la mesa. Que le dicen a Kareem que de una palmadita a un cártel que reza «believe/creer». La reacción posiblemente variaran entre el insulto y la agresión.

En cambio, uno sí se puede imaginar a Lasso o Rebbeca yendo a cenar con un posible fichaje. Al consejo del AFC Richmond decidiendo incrementar las nóminas a sus jugadores. Llamando al periódico para censurar una noticia. No hay problema cuando se emborrachan, incluso cuando alguno de ellos se coloca.

Ted y compañía tienen la libertad que da la candidez. Si en algo insiste la serie, es en librarse de los prejuicios sobre uno mismo. En ser la mejor de las versiones posibles de cada uno. Sin embargo, en Winning time la realidad, aunque caricaturesca, se acerca más al pan nuestro de cada día. Las apariencias importan. Ser un blando y parecerlo es lo mismo.

Están en Los Ángeles, en Hollywood, en la mayor fábrica de imagen del capitalismo. No bajarían nunca la guardia como la gente del Richmond. Puede que actúen igual, sí, pero no lo hacen con el corazón abierto. Si Buss invita a una hamburguesa a Magic es por una única razón: cumplir sus ambiciones. En el fondo, le da igual que le guste o se sienta bien. Si esto ocurre, claro está, pues mucho mejor.

Dos formas de motivar

En Ted Lasso hay una trampa inicial que pone todo muy fácil a Becca. Tiene tanta pasta que este factor no importa. Hagan lo que hagan, las cuentas seguirán en verde. Este mantra es habitual en las sitcom, en It’s always sunny pasa esto mismo con la fortuna de Frank. Tal característica resta dramatismo pero permite dar rienda suelta a tramas diversas sin tener que justificar mucho el asunto. Asimismo, es en la abundancia donde es más fácil motivar al personal para ser mejor persona. El prota de Me llamo Earl nunca hubiera iniciado su lista si no hubiera ganado la lotería.

En Winning time lo de realizarse viene por elementos mucho más mundanos. Buss se aburre y los Lakers son un juguete. No ha parado de cagarla con su familia y esta es una forma de resarcir males pasados. Pero, en esencia, es una partida de Monopoly que quiere ganar. Para la plantilla, engordar la cuenta es algo más prosaico. Buscan una vida de la fama rápida, no como la que versaba Manrique.

Los entrenadores hacen lo propio. Lasso motiva desde el amor, desde la confianza, desde el mayor desdén al resultado. Normal, simplemente está huyendo de casa. Riley, asistente en la primera temporada y futuro entrenador principal, no tiene tiempo para juegos de amistad. Él está ahí para hacer carrera. Le importa que no le echen y para eso su equipo tiene que marcar más puntos que el otro. Bueno, y dar espectáculo, que hay que llenar el Forum.

Antihéroes en Winning time, villanos en Ted Lasso

Jerry Buss es una figura extraordinariamente similar a Rupert. Ambos encarnan, al fin y al cabo, el mismo tipo de hombre. También se le puede sacar parecido con Edwin Akufo. Desde luego, cuadraría que tuviera la misma reacción que tuvo el africano con Obisanya si un jugador le hubiera hecho algo parecido.

Como Rupert, ambos son millonarios y mujeriegos. Les gusta el deporte y se hacen con un club. Son encantadores en público siempre que manejen la situación. Eso sí, cuando el asunto se pone feo, cuidado con ellos. Siguen siendo humanos, pero eso no quita que sean verdaderas trituradoras de personas.

El cariz opuesto de Winning time y Ted Lasso hace que mientras Buss es protagonista en la primera, Rupert sea el villano principal de la segunda. El principal miedo que tienen ambos es al olvido. A no trascender. Están tan acostumbrados a ganar que perder les aterra. Beben de la banalidad, de un hedonismo desatado, pero no son idiotas. Saben que al final del día una torre de marfil es solitaria.

Los hijos, un punto de unión

Con todo, Buss tiene un fondo familiar. El nepotismo es clave si uno ha escalado, pero más allá de esto, quiere a los suyos. La primera persona en la que piensa para llevar las cuentas angelinas es su madre. No duda en dar una oportunidad a su hija. Le da igual derrochar para que sus hijos, cuanto menos paraditos, tengan una oportunidad. Evidentemente, lo de ganarse el afecto con regalos no es una buena estrategia. El problema del dueño de los Lakers es que no sabe hacerlo de otra manera.

Su preocupación es genuina cuando, en la segunda temporada, arruina una noche de juegos familiares. No concibe ni perder al parchís, o al Monopoly. No puede entender que otros simplemente quieran, como Lasso, echar una partida. Primero grita, luego se arrepiente. Tal es el problema de quienes, como él, ven la vida como un negocio continuo. Al menos, le ha valido para estar forrado.

La relación de Ted y su hijo es también problemática, al menos para el adulto. Será todo lo majete que se quiera, pero es también negligente cuando pone un océano de distancia con su vástago con tal de no asumir que su mujer quiere la separación. Con el pasar de la serie crece, acaba aprendiendo a dejar de huir. Como Buss, es un padre que comete errores al pensar en sí mismo, aunque sean de una escala mucho menor.

Idealismo ingenuo o ambición despiadada. Lasso o Buss. Ganar o participar. Como todo en el mundo, la mayoría está en un gris. Según el contexto, una u otra posición será mejor. Lo que es innegable es que estas dos series deportivas, Ted Lasso y Winning time, están entre las mejores comedias de su generación.

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