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Insectos espaciales, sociedades alternativas en la ciencia ficción

De enemigo total al extraño vecino al que estamos obligados a entender, así ha evolucionado la figura del insectoide en el imaginario.
soldado gritando starship trooper

Los límites del Universo son inabarcables. Todavía más si hablamos en términos de ficción. Un planeta sucede a otro en un nunca acabar, sin que importe que recorramos el cosmos a la velocidad de la luz. No solo eso, sino que, por añadidura, raro es el astro que no tenga su propia civilización. En las ficciones intergalácticas hay sociedades de todo tipo y todos los colores, pero son especialmente comunes las que reúnen características de insectos, ya sea en su estructura física o en su comportamiento. Tanto es así, que este tipo de poblaciones, el tan habitual insectoides, se ha instaurado como un tópico en la ciencia ficción. Una temática tan frecuente que obligatoriamente nos lleva a preguntarnos por las razones de esta asiduidad.

Selenitas, los primeros insectos espaciales

El ser humano en la ficción no tuvo ni tan siquiera que aterrizar en otro planeta para encontrarse con seres superiores con apariencia de insecto. Un viaje a la luna de la mano de H.G. Wells fue más que suficiente para que esto sucediera.

El autor de La guerra de los mundos escribió en 1901 Los primeros hombres en la luna. En ella, un adinerado hombre de negocios londinense se asociaba con un estrafalario científico que había descubierto una especie de mineral antigravitatorio. Gracias este material, conseguían alcanzar la luna, donde al poco se encontrarían con los selenitas, la población nativa de la luna.

Los selenitas eran seres con apariencia de insecto que vivían bajo tierra. De ellos se descubre poca información a lo largo de la novela. De lo poco que se nos informa, es que son una civilización con grandes avances tecnológicos. El resto queda todavía en una nebulosa. Esta sociedad de insectos queda representada como unos seres completamente extraños al ser humano, cuyo distanciamiento taxonómico es una metáfora de la imposibilidad de concordia o cualquier tipo de diálogo.

Las novelas pulp y las damiselas en peligro

Desde principios del siglo XX hasta la década de los 50, las revistas pulp tuvieron una enorme repercusión en los Estados Unidos. Llamadas así por la baja calidad de su papel, que se obtenía de la pulpa de la madera, se caracterizaban por contener historias que priorizaban la acción al desarrollo de los personajes. Entre los muchos géneros que abarcaron estas revistas, se encontraba la ciencia ficción, con publicaciones como Amazing stories o Planet Stories.

En los relatos de estas revistas era frecuente la aparición de formas de vida insectoide como antagonistas principales. La estructura de estas historias era, en realidad, muy tradicional, aunque se emplazaran en contextos galácticos, imitando las tramas de la damisela en apuros. Habitualmente, se daba una situación en la que una mujer de gran belleza era secuestrada por un grupo de insectoides, de cuyas garras era salvada por el héroe.

portada de planet stories
Cambiamos al dragón por un insectoide y ya tenemos la historia montada. | Portada de ‘Planet stories’

Curiosamente, como sucedía con la historia de Wells, estos insectoides mostraban una organización social tipo colmena. Es la que se ve en la naturaleza en especies como las hormigas, las abejas o las termitas. Sin embargo, todavía tuvo que pasar un tiempo, hasta la década de los 50, para que se diera paso a lo que se conoce como mente grupal o mente colmena.

La mente colmena durante la guerra fría

A partir de los años 50 comenzará una tendencia a representar sociedades de tipo insectoide dotadas con lo que se conoce como mente colmena o grupal. Este sistema es una especie de prolongación de la sociedad colmena que ya había sido representado en otras ficciones previamente. Se basa en una organización social en la que los individuos actúan como parte de un todo, guiados por una unidad pensante, que normalmente se relaciona con la reina madre.

Así, lo percibido y sentido por cada uno de los individuos es compartido por el resto en una especie de «nube de pensamiento». El grado de pensamiento individual del que es capaz cada ente difiere según la ficción en la que pongamos el foco, pero siempre tienen en común la comunicación telepática obligatoria, en la que no pueden reservarse ningún tipo de pensamiento para sí mismos.

Algunos de los ejemplos más famosos son los arácnidos de Starship troopers. Especialmente en la novela, existe una «otredad» total, en el que no hay reconciliación posible. El ser humano civilizado/militarizado se enfrenta a una masa uniforme de insectos sin conciencia individual.

No es una coincidencia que este tipo de civilizaciones proliferaran como antagonistas durante la segunda mitad de siglo XX. Resulta evidente la relación de los insectoides de mente grupal con la sociedad soviética, a los que se les acusaba desde la sociedad occidental de estar desprovistos de toda noción de individualidad. De esta forma, las masas uniformes de insectoides serían una representación de las mareas rojas de las sociedades comunistas según eran percibidos por el bloque occidental.

La relectura del insectoide en el siglo XXI

Sin embargo, la caída del muro de Berlín llevó consigo una reinterpretación del tópico del insectoide. Quizá, más una extensión de los «vientos de cambio». Estas civilizaciones ya no son el enemigo total y es posible, incluso, la comunicación y la llegada a un acuerdo con ellos.

Un ejemplo curioso en este sentido lo encontramos en la serie de novelas de El juego de Ender. En ella, la civilización se encuentra al borde del colapso tras haber sufrido una invasión insectoide que estuvo a punto de triunfar. Por ello, el planeta se ve sumido en un estado de desarrollo armamentístico a la espera de una nueva guerra con esta raza, los insectores. Curiosamente, una vez aniquilado este «enemigo total», se pasa a una filosofía de concordia con el rival abatido. Hay reconocimiento de sus derechos como especie pensante, con un interés por preservar la especie.

En algunas ficciones recientes, los insectoides son, incluso, el espejo en el que los seres humanos ven sus propias deficiencias. Así ocurre con la saga de libros Herederos en el tiempo de Adrian Tchaikovsky. En esta ocasión, las arañas son tan protagonistas como los seres humanos, aportando constantemente su punto de vista. Del mismo modo, esta raza es la más interesada en alcanzar un estado de concordia en el que la humanidad pueda convivir pacíficamente con ellos, cosa que no comparten los seres humanos, de voluntad colonizadora.

En este mismo sentido, también podemos relacionar a los San Ti de El problema de los tres cuerpos con esta tendencia. Aunque no está clara la apariencia física de esta raza del planeta Trisolaris, sí que se sabe que son seres que se comunican a través de la telepatía. Esto les impide tener la facultad de mentir, al contrario que los humanos, por lo que los consideran un peligro.

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