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‘Una cuestión de tiempo’: las personas correctas en una de las mejores comedias románticas del siglo

Como cada viernes, una comedia romántica.
Una cuestión de tiempo

Casi sale solo decir que Una cuestión de tiempo es mucho más que una comedia romántica, pero eso sería restar valor a este género que demuestra en películas como esta, y otras tantas, las valiosas posibilidades narrativas que tiene. Es una comedia romántica, una muy buena. Escrita y dirigida por Richard Curtis, esto ya dice algo del tipo de película que es. Al fin y al cabo, su responsable es también el responsable de Notting Hill, Cuatro bodas y un funeral o Love Actually. Richard Curtis sabe bien lo que hace y para Una cuestión de tiempo eligió a dos protagonistas que también saben muy bien lo que hacen: Domnhall Gleeson, que ojalá protagonizase todas las comedias románticas del siglo, y Rachel McAdams, que nunca dejará de ser la persona más tierna, cuqui, sencilla y adorable de este nuestro panorama de estrellas. Por todo esto es nuestra recomendación de hoy.

Historia y sinopsis de Una cuestión de tiempo

Tim Lake (Domhnall Gleeson) tiene 21 años, está a punto de mudarse a Londres para empezar su carrera como abogado, quiere enamorarse más que nada en el mundo y acaba de descubrir que, como todos los hombres de su familia, tiene la habilidad de viajar en el tiempo. Concretamente, al pasado. Así se lo explica su padre el día de Año Nuevo de ese año en que cumple 21. Esta habilidad, a la que Tim va acostumbrándose poco a poco, le permite vivir diferentes encuentros con Mary (Rachel McAdams), una estadounidense con quien en realidad se entiende desde el primer momento, a pesar de los tropezones.

Una cuestión de tiempo es chulísima porque, en primer lugar, permite reflexionar sobre esa creencia extendida que dice que cuando algo tiene que suceder, va a suceder, que en cuestiones de comedia romántica podría traducirse como “cuando alguien es la persona correcta, es la persona correcta”, y no importan demasiado los tropezones. Porque Tim tiene que volver en el tiempo una y otra vez, pero no porque tenga que conquistar a Mary a la fuerza, no. Al contrario. Desde el principio hay una conexión evidente, aspecto que hace que Una cuestión de tiempo sea una película tiernísima de ver.

Es divertida, muy entretenida y también muy certera a la hora de retratar emociones no tan disfrutonas. La pérdida más dolorosa, la frustración de no poder ayudar a quienes amamos, ni siquiera aunque podamos viajar en el tiempo, la toma de decisiones que implica tener que dejar atrás ciertas cosas… Una cuestión de tiempo funciona porque, a pesar de su condición de película fantástica, es muy humana.

Cuándo recomendamos ver Una cuestión de tiempo

Cuando apetezca ver una buena comedia romántica

Muchas veces, como amantes y consumidores de las comedias románticas, lo que queremos es casi una película de fondo que se deje ver con medio cerebro apagado porque tira de lugares comunes (cómodos y adorados) para desarrollarse. Una cuestión de tiempo es lo contrario. Es una película que ver con la atención puesta en todo lo que sucede y que arrancará lagrimitas a más de uno. No por la emoción pretendidamente buscada, sino por lo comentado más arriba: es muy humana y puede llegar al corazón. De lo mejor del género.

Cuando apetezca una pareja de protagonistas irrepetible

Lo cierto es que Rachel McAdams ha demostrado que puede funcionar a las mil maravillas con cualquier compañero, tal es su talento. Con Domhnall Gleeson, uno de los actores más interesantes de su generación, conforma una pareja que fue inesperada, pero que nos conquistó a todos. Son dos intérpretes que basan su trabajo en la naturalidad y la sencillez, es muy fácil conectar con ambos y además están guapísimos los dos. Qué más se puede pedir.

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