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Viva Suecia: las canciones que se gritan

Un concierto de Viva Suecia te permite gritar las canciones que ya gritas en tu casa, pero mejor, porque esta es una de esas bandas que suenan aún mejor en directo.
Canciones de Viva Suecia

Nueve de la noche, 28 de diciembre, en la Riviera madrileña no cabe un alma más. Una pancarta en defensa del Mar Menor, música de fondo, miradas hacia el escenario. Todavía no ha empezado el espectáculo, pero Viva Suecia está a punto de salir. Ya se mueven los pies, ya se notan los gritos en las gargantas, ya se sienten dentro las canciones.

Doce de la mañana, 16 de enero, un piso cualquiera en Malasaña. Música de fondo, ningún escenario, hay que pensar más en el Mar Menor (en serio). No hay espectáculo que valga, pero suena Viva Suecia. Se me mueven los pies, ahogo un poco los gritos en la garganta (porque a los vecinos se les respeta), siento las canciones dentro. Pienso: ojalá pronto de nuevo. Ojalá, pronto, otra vez, en directo, estas canciones que se gritan porque nacen de ahí, de dentro. Tan dentro que tienen la fuerza necesaria para expandirse hasta afectar a las varias generaciones que esa noche en la Riviera cantaban y saltaban y gritaban como si eso fuera todo lo que importa.

No Hemos Aprendido Nada es ya una de las canciones más reconocidas de Viva Suecia. Tal vez en parte por la novedad (pertenece a su último álbum, El amor de la clase que sea) y la notoriedad que desde hace tiempo tiene la banda. Pero también, sobre todo, porque guarda ese significado especial que se mueve entre lo impreciso (puede hablar de cualquier cosa) y lo concreto (cada uno le pone su peso específico a placer). Quizá por eso se grita como se grita, incluso aunque sea la primera. Y por su melodía, que es una melodía que se tararea sola, sin querer. Y por el puente. Que no mueran los puentes.

Poco después suena Casi Todo con ese reconocible “vais a echarme de menos”. Parece una promesa con recorrido hasta esa posterior mañana de enero en un piso cualquiera en Malasaña. En ese piso, en un momento determinado, suena El Mal y lo pienso de nuevo: ojalá pronto otra vez.

A Dónde Ir es una de esas canciones generacionales que van de la mano con quiénes han vivido crisis, desempleos, circos políticos y pandemias en años críticos en los que no sabes bien a dónde ir, y por eso se grita ¡en fin!, ¡hay más enemigos en la piel de los testigos!, ¡ven a verme un día, yo te espero de por vida!, ¡sé que nadie tiene claro a dónde ir! Y emociona, y te agarras a la persona con la que has acudido allí a gritar, y lo sientes ahí dentro, donde se sienten esa clase de canciones.

Donde se sienten las canciones que sirven como un refugio porque acompañan, o porque representan, o porque comprenden de algún modo, o porque simplemente te dan la excusa para gritar lo que tienes dentro. Esto es Días Amables, que se grita con susurros. Hay una manera muy concreta de hacer esto y también tiene que salir de dentro. Es tan íntimo que lo susurras y tan poderoso que lo gritas. En el final, sin embargo, no caben susurros. Se grita a pleno pulmón. Incluso te quedas gritando después, como si no pudieras dejar ir todavía todo lo que has cantado. ¿La mejor canción de Viva Suecia?, pienso esa mañana de enero. Hace frío y de su melodía nace una calidez indiscutible. Quizá lo sea, pienso. Quizá.

A pleno pulmón se grita también La Voz del Presidente, que suena a algo parecido a lo que suena A Dónde Ir. A desconcierto, miedo, compromiso, honestidad y la rabia que nos han hecho sentir, que es una de esos versos rotundos y trascendentes con los que Viva Suecia coronan sus canciones. En este estribillo el público se deja la garganta y la piel y la vida, se abre uno el pecho, toda la tristeza en canal, manos en alto, puño en alto, ojos cerrados. ¿O esa es la persona que la está cantando en una casa cualquiera de Malasaña una mañana de enero? Quizá. Quizá sea esta su mejor canción. Quizá todavía no ha llegado.

Algunos Tenemos Fe se grita mucho también, quizá la que más en cierto modo, porque otra vez el estribillo parece dispuesto para ello. Esa pausa entre la música y la voz, que está ahí puesto casi como para que cojamos aire. Sucede lo mismo en el segundo de Hemos Ganado Tiempo, al que el público da paso en un guiño claro de complicidad con la banda: nos dejan cantar a nosotros porque saben que sabemos lo suficiente, hemos gritado lo suficiente en casa, como para completar ahora aquí los huecos que nos dejan.

No se deja ya de gritar desde El Rey Desnudo y su hacer que merezca la pena, que nos cuelguen por no condenar el amor de la clase que sea (puño en alto otra vez, corazón latiendo, canciones dentro). El Bien es un momento de éxtasis en el que se grita a medias, porque te quedas sin aliento, porque saltas y te mueves y ahora te abrazas a esa persona que tienes al lado pero que no conoces. Lo Que Te Mereces es el milagro que es el disco al que pertenece. Y tiene esta frase: lo bueno es lo que nos pasa, lo demás es no estar vivo. Hay que escucharla con los ojos cerrados, sintiéndola dentro, grítala si quieres.

Bien Por Ti es un clásico que remite a tiempos preciosos: esos en los que Viva Suecia iba descubriéndose. Suena ya, de verdad, a clásico, a canción con trayectoria. No sé si han terminado de creerse que se están poniendo la corona de reyes. Lo que se merecen, bien por ellos.

El fin de la fiesta llega con los primeros acordes de Amar el Conflicto (todo Lo Que Importa) y dura casi cuatro minutos. Es esta canción, otro clásico con su propia trayectoria y recorrido, una de esas que se quedan a vivir de forma permanente en quien la ha escuchado, en ese rincón reservado para las eternas favoritas, para las que importan. En Amar el Conflicto echas el resto, lo gritas todo desde el principio, tengo más de lo que quise ser que lo que he conseguido, y hasta el final, todo lo que importa está en el aire. El fin de la fiesta. Qué fiesta.

Esto se está viviendo en muchas ciudades, se vivirá a lo largo de 2023 y se vivió en la Riviera madrileña tres noches seguidas, aunque una servidora solo tuvo la fortuna de asistir a la primera. Lo ha venido recordando, eso sí, muchos días amables después, esperando siempre pronto, de nuevo, otra vez. El consejo se desliza de manera natural: id a gritar con Viva Suecia si tenéis oportunidad.

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