Revista referencia en fenómeno fan

La magia de volver a leer ‘W.i.t.c.h.’

Un portal de retorno al universo de Kandrakar y para nada nostálgico.
Witch

Lejano e infinito. Esto es Kandrakar, y estas sus guardianas. Cinco jóvenes unidas por un vínculo ancestral, por un legado que habla la lengua de los cuatro elementos y la energía que los mantiene en equilibrio. Will, Irma, Taranee, Cornelia y Hay Lin protagonizan W.i.t.c.h., una serie de cómics de fantasía que explora mundos inimaginables custodiados por una fortaleza en el centro del infinito. Un lugar donde no existe el tiempo ni el espacio, y al que siempre es posible regresar.

Portales, murallas y contexto de la obra

La historia de las Guardianas de Kandrakar se ha adaptado a libros, revistas, un juego e incluso una serie animada. No obstante, en estas líneas abrimos un portal con destino al material original, a esos cómics donde cobraron vida el Metamundo, Arkhanta, el Monte Thanos… Una travesía cuyas páginas huelen a aventuras e infancia, pero que va adquiriendo significados diferentes a medida que pasan los años. 

El origen de una lucha contra el caos

Antes de reflexionar acerca de ese viaje de retorno, conviene poner sobre la mesa algo de contexto. W.i.t.c.h se publicó por primera vez en forma de cómic en abril de 2001, de la mano de Disney Italia. El proyecto original fue creado por Alessandro Barbucci, Barbara Canepa y Elisabetta Gnone, la autora de Fairy Oak

Aunque participaron escribiendo e ilustrando los inicios de W.i.t.c.h., todos ellos acabaron desvinculándose de la obra. Esto se debió a distintas discrepancias que tuvieron con Disney, las cuales desembocaron en denuncias y juicios que no llegaron a buen puerto, y el equipo original abandonó el proyecto. 

W.i.t.c.h. no cambió drásticamente tras ese traspaso, pero sí es cierto que el primer arco cuenta con una esencia muy característica, y la calidad de las tramas se va diluyendo progresivamente, especialmente en los últimos volúmenes. Asimismo, el hecho de que los cómics hayan pasado por tantas manos provoca cambios en el estilo de dibujo y en el tono que interrumpen el flujo de lectura. La falta de consistencia narrativa es, quizás, el factor que más dificulta una relectura completa de la saga.

Sumergirse de nuevo en el universo de W.i.t.c.h.

Hay algo que hace de W.i.t.c.h. un lugar que invita a volver. El de las Guardianas de Kandrakar es un mundo acogedor, con detalles y texturas que cincelan una cotidianidad confortable. Un escenario cercano que apela a los sentidos y permite sumergirse en el día a día de cinco adolescentes que viven en una ciudad ambigua llamada Heatherfield.  

Mudarse a Heatherfield en plena tormenta

No está claro dónde se sitúa dicha ciudad, y tampoco importa. La llegada de Will introduce a la audiencia en esta localidad lluviosa junto al mar, donde las estaciones pintan los parques, las tazas siempre humean de forma deliciosa y las casas tienen un aire de familiaridad y comodidad muy particular. En la ambientación se puede intuir la huella de Elisabetta Gnone, conocida por crear mundos mágicos con una gran calidez y delicadeza.

Es cierto que las protagonistas se enfrentan a todo tipo de amenazas que las exilian de ese espacio amable, y a veces sus mayores conflictos residen en su interior, en sus relaciones, sus miedos y sus recuerdos dolorosos. Las pesadillas de Nerissa no son más que un ejemplo de esos monstruos que, en ocasiones, ocupan sus propias mentes. 

No obstante, y a pesar de todos los episodios traumáticos que las chicas viven a lo largo de la narración, W.i.t.c.h. teje un lugar seguro que ampara y envuelve. No importa lo solas y aisladas que se sientan, o el dolor que las atraviese en un momento dado. Siempre se tendrán las unas a las otras, siempre tendrán una familia elegida y un lugar en el mundo. Y ese sentimiento tan poderoso, tan íntimo, tan sororo, atraviesa las viñetas y se transmite a la audiencia, tal y como si esta formase parte del grupo. Por ese mismo motivo, volver a leer W.i.t.c.h. podría compararse con reencontrarse con unas amigas a tomar té y pastas en una ciudad lluviosa junto al mar.

Redescubrir el universo de Kandrakar

Por otro lado, aquello que no es tan familiar, que incluso se percibe como ajeno, permite que las guardianas exploren realidades diferentes, se conozcan a sí mismas y pongan a prueba sus lazos, que a veces flaquean pero jamás se rompen. Al acompañarlas en esos emocionantes viajes a través de mundos maravillosos, es francamente difícil no dejarse llevar por la fascinación que se vivía a edades más tempranas.

Desde el centro del infinito hasta sus miles de estrellas, Kandrakar abre las puertas a escenarios inverosímiles, ricamente retratados a través de pinceladas, historias, culturas… Incluso ante las feroces embestidas de una poderosa banshee que se alimenta del sufrimiento de un padre que lo ha perdido todo, las guardianas tratan de actuar con compasión y justicia ante lo extraño. También cuando esto implica romper las reglas establecidas. 

No son más que un grupo de adolescentes, por lo que claro que cometen errores. Sin embargo, es significativo que estas jóvenes prioricen su deber moral a cualquier ley que se les imponga. Esta actitud ya es visible en el arco de Los doce portales, cuando las guardianas son enviadas a encerrar a un pueblo oprimido en el mismo lado de la muralla de su tirano. 

En su lugar, Will, Irma, Taranee, Cornelia y Hay Lin acuden a Meridian a observar a su gente, conocer su realidad, comprender su rabia. Admiran la belleza de un mundo consumido y devuelven la luz a sus confines. Y, con esa pasión por comprender y apreciar lo diferente, las Guardianas de Kandrakar permiten viajar con ellas a escenarios increíbles, pero siempre con empatía, pensamiento crítico y una brújula moral propia. Un modo de navegar la vida que puede guiar a cualquiera, no importa la edad. 

El hechizo de la nostalgia en W.i.t.c.h.

Hay un profundo componente de nostalgia en W.i.t.c.h. Nostalgia que florece en las rosas negras de Daltar, en las antiguas guardianas de Kandrakar, en el cuadro de Elias, congelado en el tiempo. En cierto modo, la historia se siente como esa pintura de la eterna primavera. Como la Clepsidra otorgada a Cornelia por el falso Oráculo, la cual detiene las agujas del reloj y, en su mecanismo defectuoso, provoca que las Arenas del Tiempo insuflen vida al pasado.

Ante el dolor y la traición de Nerissa, las nuevas guardianas toman el legado de Cassidy, un fantasma del pasado en forma de estrella que vela por ellas desde el firmamento. A pesar de su injusta muerte, Cassidy representa luz y generosidad, un destello de esperanza que regresa del ayer para regalar a Will su corazón y fuerzas para seguir luchando. La entrega de ese luminoso Corazón de Cassidy, hermano del Corazón de Kandrakar, es similar a la esencia del relato de las guardianas: un soplo de acogida, inspiración y magia.

Tampoco faltan la melancolía y la tristeza en una historia que, además de sus ensueños, muestra realidades muy humanas, muy ordinarias. Porque W.i.t.c.h. también habla de pérdidas, duelos, corazones rotos… Por ende, releer los cómics también significa volver a querer a esos personajes que no sobreviven y redescubrir la ilusión de esos amores que nunca podrán ser. Ver crecer a unas amigas que comienzan la aventura jóvenes, inocentes, sin saber lo que les depara el futuro. Y verlas madurar y enfrentarse a situaciones difíciles, como cualquier persona. En esos relatos del mundo real también existe lo extraordinario.

La transformación de W.i.t.c.h. con una mirada actualizada

Son muchas las personas que, a pesar de haber conectado con los cómics en la infancia y adolescencia, nunca terminaron de leerlos. Descartando los especiales y el resto de las adaptaciones, la historia principal cuenta con 139 números. No obstante, adquirir los volúmenes físicos cada vez se tornó más complicado, y no es difícil entender por qué. 

Obstáculos a la hora de disfrutar de la serie tiempo después

Frente a la gran calidad narrativa y estética de los primeros números de W.i.t.c.h., los últimos sufren un deterioro importante. Las tramas se vuelven más infantiles, superficiales y, en ciertos casos, incluso absurdas. Algunos ejemplos son la escuela de magia en un autobús, las “armas” rosas como una pelota o un abanico y la presencia de villanas tan ridículas como Lady Crash, la reina de los coches que funciona con gasolina. Sí, con gasolina.

Y no es que el componente infantil sea signo de mala calidad. Sí lo son, por otro lado, esos argumentos simplones que traicionan la cuidada complejidad de la historia original. En los últimos arcos hay algunos pasajes elaborados y emotivos que recuerdan a la esencia inicial de W.i.t.c.h., pero no son la mayoría, y se pierden entre historias vacías. Por todo ello, si en un principio la mayoría de la gente no llegó tan lejos, hacerlo a una edad más madura resulta considerablemente más difícil. 

El corazón de W.i.t.c.h. que refulge a pesar de todo 

De los puntos en contra se pueden extraer las grandes virtudes de la saga: una profundidad con capas, matices y desarrollo que no suele darse en este tipo de historias. Porque W.i.t.c.h. nació como un producto dirigido a chicas jóvenes, una categoría que, generalmente, no suele tomarse muy en serio. Y, a pesar de todo, las creadoras trabajaron para entregar un relato complejo y de calidad que respetaba a su audiencia. 

La historia de las guardianas no se queda en la superficie, sino que siempre busca ir más allá, plantear preguntas, entablar conversaciones existenciales y tratar temas importantes. Sin desestimar la feminidad, los cómics se alejan de los tópicos que reproducía la ficción creada para chicas en la época. En su lugar, rastrean la evolución y las inquietudes de cinco protagonistas con psicologías elaboradas, sembradas de dudas, fortalezas y conflictos, sumamente humanas. Para gran parte del público objetivo, en un contexto de ausencia de referentes femeninos fuertes y con dimensiones, sin duda fue una fuente de inspiración y empoderamiento.

Además de aportar esa visión femenina poco usual, W.i.t.c.h. se adelantó a su tiempo al retratar diferentes tipos de realidades poco normativas. Por ejemplo, cabe destacar la pluralidad étnica de sus protagonistas y la presencia de familias no tradicionales a su alrededor. Si bien es cierto que el elenco podría ser más diverso, especialmente en el caso de la heteronormatividad y la ausencia de representación LGTB+ explícita, no deja de ser producto de su época, y a rasgos generales ha envejecido bien. Porque ni siquiera estos detalles impiden disfrutar de una relectura actual. 

Como mirar a los ojos a una Gota Astral que es idéntica, pero también diferente, volver a internarse en las viñetas de W.i.t.c.h. significa asombrarse ante los nuevos carices que adquiere la historia con el tiempo. Sorprende, también, por la calidad y la complejidad de una obra que rebosa corazón. Entre el papel y la mirada, desde una ciudad junto al mar hasta el infinito, W.i.t.c.h. es un sueño de agua, fuego, tierra, aire… y la fuerza que los une. Y, en un batir de alas, caen las murallas de la realidad y se abren de nuevo los antiguos portales a miles de mundos que son mágicos y eternos, cercanos e infinitos.

Tags relacionados:

TE RECOMENDAMOS:

POST RECIENTES

Te puede interesar…

Ángel Mora Camarasa
17/04/2024
Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos y para fines de afiliación y para mostrarte publicidad relacionada con sus preferencias en base a un perfil elaborado a partir de tus hábitos de navegación. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Configurar y más información
Privacidad