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‘Física o química’, la serie enganchada a las crisis que rompió moldes

Una serie que nos acostumbró al DRAMA.
Física o química

En una época en la que no dejan de sucederse los reencuentros, las secuelas y las reposiciones de series de la infancia (y la no tan infancia), no es de extrañar que Atresplayer acabara lanzando Física o química: La nueva generación. No es esta una secuela de aquel fenómeno televisivo de los 2000, pues esta ya se dio. Fue en el año 2020 con Física o química: El reencuentro. Así, en esta ocasión lo que pretende la cadena es poner en marcha un reboot, con una nueva tanda de alumnos y profesores. No es que el título requiera de mucha imaginación. 

Ya con Física o química: El reencuentro buena parte del público tuvimos la imperiosa necesidad de revisitar una serie que revolucionó la televisión española en el momento de su estreno. Una ficción con la que algunos pasamos de ser casi niños a ser casi adultos. Si el antiguo espectador no cayó entonces en este revisionado, puede que después del anuncio del reboot finalmente lo haya hecho. Puede que lo haga cuando este se estrene. Nunca es mal momento para sucumbir a la nostalgia. 

Una mirada al pasado con ojos de presente 

Volver a historias del pasado desde tiempos más modernos trae consigo nuevas miradas. En todo caso, vaya por delante que Física o química fue, en su momento, una serie muy valiente. Porque se atrevió a hablar, entre otras cosas, de suicidio, homosexualidad y sexo. De hecho, ese atrevimiento la convirtió entonces en centro de polémica. No solo en España, sino en países como Italia. Hoy, desde Revista Fan Service, volvemos a mirar bajo todas estas consignas y esto es lo que vemos. 

Sexo sí, pero siempre con protección 

Si por algo se caracterizó Física o química fue por sus siempre presentes escenas sexuales, ya fueran entre alumnos, profesores e, incluso, entre profesores y alumnos (luego abriremos este melón). Pero, a pesar de ser foco de las críticas, estas escenas sirvieron precisamente para educar. ¿Cómo? ¿En qué? Pues en el uso de los anticonceptivos. En más de un episodio los profesores imparten charlas sobre estos. Bueno, al menos sobre los condones. Charlas que, por cierto, no abundaban entonces en los institutos. 

“¿Por qué nos cuesta tanto usarlos?”, les pregunta Blanca (Cecilia Freire) a sus alumnos. “No, la pregunta es ¿por qué cuestan tanto?”, responde Yoli (Andrea Duro), planteando un suspicaz debate. Todos sabemos que si unos adolescentes quieren tener relaciones sexuales no habrá nadie que se lo impida. Así que ¿por qué no hablarles de cómo protegerse ante enfermedades venéreas y embarazos no deseados? Física o química hizo más por la educación sexual de los jóvenes que muchos centros educativos. 

El sexo no son solo fuegos artificiales

Siguiendo con la educación sexual, Física o química nos trajo una afirmación muy novedosa: el sexo no siempre es maravilloso y las primeras veces pueden ser un auténtico trauma. Un ejemplo de esto último viene de la mano de Cova (Leonor Martín) y Julio (Gonzalo Ramos). El hermano de este, que se había quitado la vida, había sido novio de Cova. Esto llevó a que Julio tuviera varios gatillazos cuando ambos intentan tener relaciones por primera vez. 

Aunque sin duda la reina de los traumas sexuales era la profesora de literatura, Blanca. Este personaje, que debería de rondar los 30 años en la primera temporada de la serie, no había tenido nunca relaciones sexuales, al menos en lo que se refiere a la penetración, porque le daban pavor. Así que su psicólogo le diagnosticó de vaginismo. Obviando que el problema se le pasa, de repente, de un capítulo a otro, representar estas situaciones era una verdadera novedad, acostumbrados como estábamos a ver películas donde las primeras veces eran siempre espectaculares.

Representatividad LGTBIQ+ (pero no mucha)

David y Fer en'Física o química'
David y Fer: David y Fer, el icono LGTBIQ+ que todos necesitábamos en los 2000.

Cuando la serie adolescente llegó a la pequeña pantalla, Aquí no hay quien viva ya se había atrevido a representar la homosexualidad, tanto en hombres como en mujeres. Física o química, mucho más dada a las escenas de cama, elevó aún más esta representatividad… Al menos en lo que se refiere a las relaciones homosexuales entre hombres. La historia de Fer (Javier Calvo) y David (Adrián Rodríguez) está considerada como una de las más románticas de la serie (no por ello sana, por cierto) y ambos se convirtieron en un icono LGTBIQ+. Pero el fallo fue precisamente este: que el colectivo quedó limitado a ellos, a los gays.

Mientras tanto, la representatividad que tuvieron las relaciones lésbicas, las relaciones bisexuales o las personas transexuales fue o nula o muy cuestionable. Vínculo homosexual entre mujeres solo tuvimos uno: el de Alma (Sandra Blázquez) con Erika (Aura Garrido). O al menos tuvimos el esbozo de lo que debió ser una relación tóxica y horrible que terminó con la muerte de una tercera persona.

En lo que respecta a la bisexualidad, la representación fue más amplia, aunque bastante terrorífica. El amorío entre Erika y Alma dejaba una cosa clara: Alma era bisexual. No solo había estado con Erika, sino que más tarde le tiró los tejos a Paula (Angy Fernández). Esto desembocó en un trío sexual entre ambas alumnas y Cabano (Máxi Iglesias). Tras este encuentro, Paula asumió su heterosexualidad sin más vuelta de tuerca. La carencia de análisis y reflexión inducen al espectador a pensar en esa relación entre Alma y Paula o incluso entre Alma y Erika como en una fase o un desliz, uno de los más viejos prejuicios sobre la bisexualidad. 

Yoli, icono feminista de su tiempo

En 2008, año de estreno de Física o química, a la cuarta ola feminista todavía le quedaba tiempo para enseñar sus garras. Sin embargo, el personaje interpretado por Andrea Duro ya mostraba las suyas. La Yoli no solo salía con quien quería, sino que además lo gritaba a los cuatro vientos. Era la “zorra poligonera”, y a mucha honra. En un tiempo en el que ellos triunfaban por tener relaciones con muchas y ellas eran calificadas de putas por lo mismo, Yoli hacía gala de su promiscuidad. Una faceta que la serie no solo no condenó, sino que protegió. 

El ejemplo más acuciante de esto viene de la mano de la violación que este personaje sufre a manos de Oliver (Oliver Morellón). Ambos personajes mantienen un encuentro bastante subido de tono cuando Yoli decide que no quiere seguir porque él no se ha puesto preservativo. Le dice que pare en varias ocasiones, pero este hace caso omiso. Tras la violación, Yoli se replantea su forma de comportarse con los hombres e incluso su forma de vestir. Pero la serie queda muy lejos de culpabilizarla a ella.

Cuando la profesora de filosofía, Irene (Blanca Romero), anima a denunciar a su alumna, le enseña algunos ejemplos de casos de agresiones similares a la suya: “Estas mujeres no fueron violadas en un callejón a punta de navaja, pero sí se negaron a tener una relación”. Aquella historia de finales de la década de los 2000 enseñó a muchas adolescentes a ponerle nombre a esta clase de situaciones. Con el tiempo, Yoli vuelve a sus andares porque al fin entiende que lo que ocurrió no fue culpa suya. 

Racismo en contra del racismo

La primera temporada de Física o química tuvo como uno de sus personajes principales a Jan Taeming (Andrés Cheung), inmigrante de origen chino. La inclusión de este personaje fue un acierto porque, en efecto, muchos colegios de entonces y de ahora acogían y acogen a alumnos migrantes. Además, la serie se encargó de representar y condenar un comportamiento muy habitual en las aulas: el racismo. Era difícil no enfadarse con Gorka por su forma de tratar a su compañero. El mensaje estaba claro: ser racista estaba mal. 

El problema aquí es que, por otra parte, el personaje de Jan era epicentro de estereotipos. Sus padres eran dueños de un bazar, no sabían hablar español y su mentalidad estaba bastante obsoleta. Consideraban que lo que a su hijo le gustaba, la ilustración, era una pérdida de tiempo. Y, lo peor de todo, le obligaron a casarse con su prima. Este compendio de estereotipos, unidos al rechazo del racismo más obvio, venían a decir: “No hay que meterse con los chinos, pero qué gente más atrasada”. 

Relaciones tóxicas everywhere

Ruth en'Física o química'
Ruth intentando conseguir el perdón de Gorka.

Según indican R&A Psicólogos “las relaciones tóxicas son relaciones en las que ambas partes son incapaces, por alguna razón, de impedir hacerse daño”. Pues bien, Física o química tiene mucho de esto. Tanto en relaciones entre profesores como en relaciones entre alumnos. ¿Hay acaso alguna pareja duradera en la serie? Y no, no vale contestar que David y Fer. Porque por medio hay de todo. Novias, novios e, incluso, una boda. Todos sabemos que las relaciones, incluso las más sanas, deben afrontar momentos de crisis, pero es que los amoríos de Física o química viven únicamente de eso, teniendo como reina al dúo formado por Gorka (Adam Jezierski) y Ruth (Úrsula Corberó). 

Esta pareja es el ejemplo más claro de relación tóxica, con un Gorka controlador y manipulador y una Ruth sumisa y dependiente. La estudiante queda tan tocada por su novio que acaba internada en un psiquiátrico. Por su parte, la relación de Yoli y Julio se ve afectada por el chantaje sexual que el padre del segundo le hace al personaje de Andrea Duro. El dúo Cabano-Ruth, tras traspasar una amplia gama de crisis, encuentra un gran obstáculo cuando él es diagnosticado de cáncer y, después, cuando Ruth se pilla de su hermanastro, Román (Nasser Saleh). 

Blanca y Martín, Irene y Miguel, Miguel y Blanca, Blanca y Berto, Yoli e Isaac, Isaac e Irene, Paula y Yang, Paula y Cabano, Olimpia y Roque, Martín y Olimpia, Fer y David, David y Ruth… Y así en una infinita sucesión de nombres que se combinan de forma distinta cada temporada e, incluso, cada capítulo. Las parejas de Física o química, como las de tantos otros productos culturales, viven enganchadas a las crisis. Nunca funcionan. Siempre están en la cima o en el suelo. No hay término medio. No hay cotidianeidad. Y si están bien entre ellos, entonces tiene que pasar algo. 

El gran melón: relaciones profesor-alumno

En algún momento teníamos que llegar a esto: EL GRAN MELÓN. Física o química escandalizó a muchos por todas las razones ya dichas. He aquí una más: las relaciones entre profesores y alumnos. Ya desde el primer capítulo se plantea esta cuestión cuando Irene se acuesta con un chaval que, sin saberlo, se convertirá en su pupilo: Isaac (Karim El-Kerem). El idilio entre ambos es la relación de estas características que más impacto tuvo entonces y la que más recordamos a día de hoy. Pero no fue la única: Alma y Roque (Bart Santana) también tuvieron un romance. E Irene, no lo olvidemos, besó a otro alumno: Cabano.

Una relación profesor-alumno es una relación en la que, se tenga la edad que se tenga, hay una situación desigual. La psicóloga María Ester Buzzoni lo explicaba muy bien en este artículo de bbcl: “El vínculo romántico entre un profesor y un alumno es desigual porque hay una diferencia de poder importante en cuanto a la edad, conocimiento y a la capacidad de influir sobre las condiciones de la relación. Un profesor tiene mayor experiencia, poder y conocimiento”.

Este tipo de relaciones son aún más desiguales cuando se producen entre un adulto y un menor de edad. La etapa de la adolescencia es una etapa en la que la personalidad de los estudiantes se encuentra en pleno desarrollo vital y se ve muy influenciada por factores externos. Por eso, un amorío con una persona mucho mayor que, en teoría, debería ser el referente, el punto de seguridad, puede afectar a este desarrollo. Es decir, que en una relación de estas características entran muchas cuestiones éticas que deberían ser solventadas por el adulto

En cuanto a si esto es legal o no lo que dice el Código Penal desde 2015 es que la edad de consentimiento está en los 16 años. En 2008 la edad de consentimiento era aún menor. Así que sí, una relación entre un adulto y una persona de 16 años era y es legal. Aunque, honestamente, no deja de ser bastante creepy que una profesora de ética mantenga una relación amorosa con un alumno y se morreé con otro.

¿Éramos así los adolescentes?

Los chavales de'Física o química'
Los chavales.

Se suele decir que Física o química tuvo tanto éxito porque representó problemas habituales de los adolescentes. Y sí. Todo lo que la serie contaba ocurría en la realidad, aunque no ocurrieran todos esos problemas y conductas en un mismo grupo de gente. Ese fue, probablemente, su mayor acierto. Y, también, una de sus mayores carencias: entre aquellas situaciones no hallaba uno la normalidad. 

Si por algo es conocida la adolescencia es por ser esa época en la que los sentimientos se encuentran a flor de piel. Un suspenso en un examen, un mal comentario de una amiga o una mirada del chico que te gusta suponen un mundo. Pero en Física o química es que todo era un mundo. No había interpretaciones. No era por la edad. Un cáncer o una paliza de tu padre son, se mire por donde se mire, una putada. La normalidad, al igual que ocurría con las parejas, no existía.  Solo crisis. Solo grandes dramas

Asimismo, los estudiantes solo se divertían en fiestas o en botellones, eventos a los que curiosamente todo el mundo estaba invitado. Los alumnos siempre estaban dispuestos a aparcar sus diferencias con tal de correrse una buena juerga. Pero esto, cariños míos, dista bastante de la realidad: los adolescentes no suelen invitar a quienes marginan para beber por las tardes

Por supuesto, en la serie de 2008, nada de paseos por el barrio o días de piscina jugando a las cartas. Los planes eran grandes planes y los dramas grandes dramas. En Física o química, como ahora en la brillante Euphoria, no había espacio para la calma. Pero uno, cuando mira a su adolescencia, ve una plaza y un banco y, sobre todo, a sus mejores amigas. Quizás a Física o química, que hizo tantas cosas bien, le faltó un poco de esto, un poco de cotidianeidad, de cariño y de tranquilidad. Pero cuánto nos enseñó y qué clavaita se quedó.

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