Revista referencia en fenómeno fan

Volviendo a ver el ‘Daredevil’ de Netflix, lo que Marvel no quiso ser

Una serie que marcó época en base a palizas y movidas metafísicas sobre el bien y el mal.
Segmento del póster de Daredevil de Netflix

Cuando el UCM estaba en su punto álgido, en esos años que fueron entre Los vengadores y Endgame, la casa de las ideas hacía honor a su nombre. El asalto a la televisión llegó antes de la oleada iniciada por Wandavision. Lo iniciaron, junto a otras como la discreta Agents de S.H.I.E.L.D. o Agente Carter, varias series en Netflix. Siguiendo el modelo Avengers, diversos personajes encabezaron ficciones que colapsaron en The defenders. De entre ellas, fue Daredevil la que más destacó. Su aclamado enfoque fue el fruto de una época, una oportunidad que Marvel dejó pasar y que intenta recuperar en Echo y Borne again. Es, por tanto, el mejor momento para volver a ella.

Un estereotipo yanqui de católico con patas especializado en recibir palizas

Como muchos héroes de Marvel, Daredevil ha pasado por muchas manos en los cómics. The Man Without Fear (1993), de Frank Miller y John Romita Jr., es la principal referencia para la serie de Netflix y el segmento televisivo marvelita. El creador de esta, Drew Goddard, tenía ganas de abordar al demonio de Hells Kitchen por varias razones. Entre ellas destaca el carácter católico del personaje.

Tanto Matt Murdock (Charlie Cox) como Goddard tienen en la religión un punto en común. Este código compartido, también con buena parte de la audiencia sea o no creyente, asienta uno de los grandes atractivos de la ficción. Daredevil se debate entre el bien proclamado por sus dogmas y la violencia que le pide su rol de justiciero.

No es extraño que los trabajos estadounidenses presenten lo católico como algo oscuro, dicotómico y edgy. El desdén protestante se suma a las asociaciones, de costumbristas a racistas, de esta religión con irlandeses, latinoamericanos o italianos. Por suerte, en Daredevil no se traspasa ninguna línea roja. La fe se usa como brújula moral para un protagonista que se maneja mejor en el blanco y negro que en el gris. Por ejemplo, al igual que Batman, no mata a sus enemigos. No es que falten tentaciones, ágilmente usadas por sus rivales.

Ciertos conceptos sobre la penitencia y la culpa católica pasada por el prisma de EE.UU. pueden estar detrás de la tendencia del prota a recibir palizas. Se lleva tundas tremendas, como lo hacía su padre boxeador. Curioso que esta coincidencia entre lo pugilístico y el Vaticano se de también en el Vergara de 30 monedas. En todo caso, Daredevil acoge el dolor que le infligen como un buen método de purgar sus pecados, por muy justificados que estén.

Villanos que saben serlo

Además del debate entre mantenerse recto o dejarse llevar por la ira, Daredevil de Netflix brilló por sus villanos. No es que Foggy (Elden Henson), Claire (Rosario Dawson) o Karen (Deborah Ann Woll) no sean efectivos como amigos y colegas de Matt. Son personajes bien construidos, muy majetes y competentes. Sin embargo, cuando aparecen los malos es cuando la tensión sube para bien. La profundidad psicológica de los antagonistas, desarrollada gracias al formato serie, supera a la mayoría de sus homólogos en los films del UCM.

Wilson Fisk (Vincent D’Onofrio) aporta una presencia gigantesca en pantalla. El líder mafioso recuerda a Tony Soprano pero en tímido y sofisticado Solo hay que verle haciendo una tortilla para desayunar. Ambos son tipos absolutamente malvados pero de los que se conoce el lado personal. No se les justifica, simplemente se cuenta su historia. Gracias a ello pueden tender a un gris tan incómodo como atractivo. Su relación con Vanessa (Ayelet Zurer), su ida y vuelta, sus discursos, sus esbirros, su presencia física… Echo y Borne again hacen bien en recuperarlo.

Junto al grandullón destacan otras figuras de alto carisma. Punisher (Jon Bernthal) y Elektra (Élodie Yung) son contrapuntos directos de Daredevil. Él es un justiciero asesino, con una moral realmente maniquea. Precisamente es en lo que no quiere convertirse Matthew. Ella, por su lado, no es un mero interés romántico. Independiente y poderosa, ofrece a Murdock una salida que le permita explotar todo su potencial. Entre ambos y el héroe se da un tira y afloja continuo, una influencia a dos bandas de la que surge una evolución que se echa de menos en otras series de Marvel.

Acción del siglo XXI…

Brad Winderbaum, líder de streaming, televisión y animación, aseguró antes del estreno de Echo que para él la versión estrenada en Netflix del personaje es parte de la «línea temporal sagrada». La noticia se confirmó con el estreno de la misma. Esto hace de Daredevil la mayor expresión de violencia del UCM. Aunque se controle el gore, la serie no duda en mostrar cuerpos decapitados, heridas o a un ruso sacando una costilla de un cadáver para usarla de cuchillo. No existe la limpieza de las producciones de las fases principales.

Daredevil se estrenó en 2015, un año después de que se estrenara John Wick o The Equalizer. Al igual que estas o Warrior, despliega brillantes escenas de acción usando técnicas clásicas. Coreografías por doquier, implicación directa de los actores en las escenas de tundas, un pasillo al estilo Oldboy… La ficción creada por Goddard supo captar por dónde iban los tiros en el género.

Cabe destacar en este aspecto al showrunner de la temporada 1, Steven DeKnight. Cuando asumió el mando de Daredevil acababa de llegar de Spartacus, producida por Rob Tapert y que cerró su periplo en 2013. Consciente de que no podía replicar el sexo y lo sanguinolento de esta, moderó el estilo lo suficiente, mas sin hacerlo aburrido. Su marcha no supondría perder esa esencia de violencia obvia pero controlada.

…Con un tono que mira a The wire y los 70/80

Al combo de héroe cristiano, villanos sobresalientes y acción contemporánea se suman influencias directas que amalgaman el todo. DeKnight y equipo querían que el tono fuera realista en comparación con Los vengadores. Más cercano, de hecho, a producciones como The wire. Aparte de que lo sobrenatural esté reducido a la mínima expresión, esta aproximación se refleja en la trama judicial y, sobre todo, en el personaje de Ben Urich (Vondie Curtis-Hall). El periodista se mueve en un mundo muy similar al de la ficción de Baltimore. Su doctrina, como la de ambas series, es que no hay «villanos o héroes», sino puntos líquidos intermedios.

El tono oscuro, a veces al límite de lo edgy, y de decadencia neoyorquina retrotrae a películas setenteras. La lucha contra los imperios criminales de Nueva York recuerdan a The french connection. Los devaneos mentales nocturnos de The Punisher cuadran con Taxi driver, mientras que algunas interacciones entre Matt y sus víctimas tienen el histrionismo dramático de Tarde de perros.

Estas apreciaciones se captan mejor en un segundo, o posterior, visionado, pero ya desde el primero resalta la similitud trastocada de la serie con Karate kid. Stick es un Miyagi trasnochado, antiheroico. El maestro de Murdock es tan carismático como su contraparte fílmica, pero bastante más cruel.

Volver a ver Daredevil es, así, una experiencia satisfactoria. Sus códigos, la temática o el desarrollo de personajes ha permitido que apenas haya envejecido desde su estreno. Muestra un camino que Marvel desechó, más crudo y centrado en historias a pie de calle, en pro de intrincadas interconexiones multiversales.

Tags relacionados:

TE RECOMENDAMOS:

POST RECIENTES

Te puede interesar…

Esta web utiliza cookies propias y de terceros para su correcto funcionamiento y para fines analíticos y para fines de afiliación y para mostrarte publicidad relacionada con sus preferencias en base a un perfil elaborado a partir de tus hábitos de navegación. Contiene enlaces a sitios web de terceros con políticas de privacidad ajenas que podrás aceptar o no cuando accedas a ellos. Al hacer clic en el botón Aceptar, acepta el uso de estas tecnologías y el procesamiento de tus datos para estos propósitos. Configurar y más información
Privacidad